Tatuajes que he rechazado y por qué
No lo cuento mucho, pero decir que no forma parte de mi trabajo igual que hacer el tatuaje. No es algo que haga con gusto ni con ganas de complicarle la vida a nadie. Lo hago porque hay situaciones en las que hacer el trabajo sería hacerle un flaco favor al cliente, y eso no me interesa.
Aquí van los casos reales en que he dicho no, y la razón detrás de cada uno.
El diseño no va a funcionar en la piel
Esto pasa más de lo que la gente cree. Alguien llega con una referencia de algo que vio en Instagram, que tiene un nivel de detalle finísimo, líneas de 0,1 milímetros, degradados imposibles. Y esa imagen queda preciosa en pantalla. En la piel, en cinco años, va a ser una mancha.
La piel no es papel ni pantalla. Tiene textura, tiene movimiento, envejece. Un diseño que no está pensado para la piel no mejora con el tiempo: se destruye. Cuando veo eso, lo digo. Puedo proponer una versión adaptada que funcione, pero si el cliente insiste en hacer exactamente lo que me muestra sin ninguna modificación, prefiero no hacerlo. No voy a poner mi nombre en algo que sé que va a quedar mal.
La zona no es adecuada para lo que pide
Las manos, los dedos, el interior de los labios, las costillas muy finas, zonas con mucho movimiento o fricción constante. Son zonas que tienen sus particularidades técnicas y que no todo diseño aguanta bien. Si alguien me pide un diseño muy elaborado en los dedos, siendo honesto, le digo que esa zona va a degradar ese diseño más rápido de lo que espera.
No digo que no a todas esas zonas. Digo que no a combinaciones que sé que no van a funcionar. Hay diseños que están pensados para esas zonas y quedan bien durante años. Hay otros que no están pensados para ninguna zona comprometida y que en esas zonas concretas van a durar seis meses presentables.
El cliente no está en condiciones de decidir
Esto es más delicado pero igual de claro. Si alguien llega con señales de haber bebido, no trabajo. Si alguien llega claramente impulsivo, con prisa, sin haber pensado lo que quiere más de veinte minutos, intento frenar la cosa y que vuelva con más calma. No siempre lo consigo, pero lo intento.
También hay clientes que llegan con una presión externa muy visible: la pareja que quiere que se tatuén juntos y uno de los dos no está del todo convencido, el grupo de amigos donde uno no quiere quedarse fuera. Esas situaciones me generan dudas, y si la duda es suficientemente grande, lo digo.
Un tatuaje hecho en el momento equivocado es un tatuaje que esa persona va a lamentar. Y ese arrepentimiento va a estar asociado a mí.
La piel no está en condiciones
Quemaduras solares recientes, piel irritada, heridas en la zona, alguna condición que no me acaban de explicar bien. En Benidorm, en verano, lo de las quemaduras solares es más habitual de lo que parece. Alguien que lleva tres días en la playa, con la piel roja, que quiere tatuarse en el hombro ese mismo día. No.
No es capricho. Tatuar sobre piel dañada compromete el proceso de cicatrización y puede arruinar el resultado. Una semana de espera lo arregla. Hacerlo igual no lo arregla nada.
El contenido va en contra de lo que creo
Pocas veces, pero alguna vez. Hay contenidos que no voy a tatuar porque representan cosas con las que no quiero que se me asocie. No voy a entrar en detalles porque cada caso es diferente, pero existe esa línea y la respeto.
Lo que quiero que entiendas con todo esto
Que un tatuador que nunca dice no es un tatuador que antepone el dinero al resultado. Y que cuando alguien me dice no, o me pone condiciones antes de hacer el trabajo, no lo hace para complicarte la vida: lo hace porque le importa lo que va a quedar en tu piel.
Si quieres trabajar con alguien que te va a decir lo que necesitas escuchar, no siempre lo que quieres escuchar, ya sabes dónde estoy.

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